Sí y lo digo alto y claro y con orgullo: yo no ayudo en las tareas domésticas de casa.
Bueno, alguna vez he ayudado a mi pareja haciendo de pinche en la cocina picando algo de cebolla, algún ajo y dando al vuelta a la tortilla de patatas.
Pero insisto yo no ayudo, aunque sea yo el que pone la lavadora y tiende la ropa (eso sí estirando las prendas para que luego haya que planchar menos), el que pone el lavavajillas, el que pasa la aspiradora y friega los suelos, el recoge siempre a los niños del cole (y en ocasiones también los prepara el desayuno los viste y los lleva) y en fin otras varias tareas que no viene al caso enumerar.
Pero si no ayudo ¿cómo se explica que haga todas esas tareas? se preguntará algún lector poco avisado, pues bien sencillo: porque para ayudar hace falta que haya alguien encargado de realizar dichas tareas, y en mi casa no hay nadie encargado de nada y todos de todo.
La responsabilidad de las funciones domésticas viene determinada por la posibilidad de realizarlas, y, en algunos casos la habilidad para desempeñarlas, así de simple: si yo salgo antes del trabajo que mi pareja pues voy a por los niños, que a ella se le da mejor cocinar, pues cocina (a cambio yo recojo y friego o los coloco en el lavavajillas), que yo tengo mejor manejo de la aspiradora, pues a ello... y así con todo, eso no quita que podamos alternarnos en las tareas que el uso y la costumbre nos ha asignado, y así llevemos la casa entre los dos.
Me hace mucha gracia algunos hombres que van de modernos y “apañaos” oírles decir que ellos ayudan a sus mujeres en casa, eso sí, con muy buena voluntad y en lo que pueden, que su mujer bastante tiene con lo que trabaja fuera de casa como para no ayudarla, faltaría más...
Mmmm... claro! La responsabilidad de llevar un hogar es de la mujer y “yo la ayudo”.
Insisto yo no ayudo.
Para los que quieran empezar a no ayudar:
Receta de unas sopas de ajo para 4 personas:
4 huevos
3 dientes de ajo.
50 gramos de jamón taquitos
125 g de rebanadas de pan duro
4 vasos de caldo natural o preparado con 1 cubito de caldo
1 cucharadita de pimentón (recomendado el de la Vera)
Aceite de oliva
- Freír los ajos previamente aplastados con el canto del cuchillo. Añadir el pimentón, fuera del fuego sin dejar de remover para que no se queme. Añadir el jamón (hay quien añade el jamón antes de retirar del fuego).
- Añadir el pan y sofríelo ligeramente.
- Retirar los ajos y añadir el caldo, cocer a fuego lento unos 10 minutos añadir el huevo poco antes de retirar para que cuaje un poco y servir en cazuela de barro.
Buen provecho.
Éste, como otros tantos de la blogosfera, es un blog sin pretensiones... bueno sí la pretensión de charlar de temas, cuestiones, acontecimientos... en fin, diversas cosas de la vida cotidiana..
miércoles, 3 de marzo de 2010
martes, 2 de marzo de 2010
Bienvenidos
Éste, como otros tantos de la blogosfera, es un blog sin pretensiones... bueno sí la pretensión de charlar de temas, cuestiones, acontecimientos... en fin, diversas cosas de la vida cotidiana, no necesariamente de actualidad, pero que a algunos nos puedan interesar.
O aunque no sea demasiado el interés, sí al menos lo suficiente para invertir un rato leyendo o, hasta incluso, escribiendo (daros cuenta que he dicho "invertir", espero que el ratillo de echar un vistazo por aquí ayude a alguien a hacer alguna reflexión, o a echar una sonrisa o a descubrir algo nuevo, por sencillo que sea).
Lo dicho ¡¡¡Bienvenidos!!!
Para empezar una bonita melodía de uno de mis músicos clásicos favoritos:
O aunque no sea demasiado el interés, sí al menos lo suficiente para invertir un rato leyendo o, hasta incluso, escribiendo (daros cuenta que he dicho "invertir", espero que el ratillo de echar un vistazo por aquí ayude a alguien a hacer alguna reflexión, o a echar una sonrisa o a descubrir algo nuevo, por sencillo que sea).
Lo dicho ¡¡¡Bienvenidos!!!
Para empezar una bonita melodía de uno de mis músicos clásicos favoritos:
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